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ACONTRACORRIENTE/ MANUEL DEL ÁNGEL ROCHA/ GOBERNABILIDAD Y SEGURIDAD EN VERACRUZ

No está determinado por ninguna ley,  que un gobierno tenga que resolver toda la problemática existente. Y digo ningún gobierno al margen del sino de su origen, o del umbral ideológico del que provenga. Y tampoco que la mayoría de la sociedad esté de acuerdo en los resultados, sobre todo si ésta es permeada por las fuerzas que coexisten en el ámbito político, que de siempre, van a existir actores que desde la penumbra, atizan el fogón social para llevar agua a su molino. Qué bueno que la alternancia en Veracruz, está narrando la cloaca,  en muchos casos a detalle de lo ocurrido en Veracruz en el pasado reciente, donde   los innombrables, que hoy, o están presos, o desde  la penumbra, mueven perversamente a sus alfiles para socavar un gobierno que camina a contracorriente.

Hoy día el ingente problema de la seguridad, atizado y probablemente hasta financiado desde la lobreguez, instan a crucificar a una administración, que de suyo nació legítima, a través de la democracia representativa. Y hablan de un gobierno incapaz de gobernar, cuando la capacidad para resolver la seguridad cotidiana de los veracruzanos se ve en entredicho. De cierto es que el éxito de un gobierno reside en resolver la problemática social existente. La sociedad lo mide en resultados. Negro o blanco. Rojo o azul. Amarillo o  Vino. Pocas veces objetiva las condiciones en que un gobierno resuelve uno o más de un problema evidente, y existente. En Veracruz la herencia de 12 años de administraciones fallidas, es fatídica, aun así,  con arrojo, inteligencia y todas las limitaciones, sobre todo presupuestales, se confronta ese legado de calamidad.

Veracruz es escarnio nacional en materia de corrupción. Somos ejemplo de lo que no debe ser una administración, sea cual sea su nivel. Los adversarios están puntuales a señalar que el ejecutivo no ha cumplido la promesa de resolver el problema de la seguridad en los 6 meses que prometió, y la ciudadanía está atenta a señalar que  el principal depredador, responsable también de la inseguridad local,  esta cautivo en una celda en el Reclusorio Norte de la Ciudad de México.  Y aquí está en parte la fuerza del gobierno, no en su capacidad para resolver toda la problemática existente, sino en el consenso de que no hay simulación. Se enfrenta la problemática con el arsenal  que se tiene; como  la inteligencia, el compromiso, la actitud, pero sobre todo se  porfía en crear una atmosfera social para combatir la corrupción, la impunidad y la inseguridad. Se actúa con la ley en la mano, y se combaten todos  los crímenes. Existe de manera abierta una comunicación permanente y  de frente a los medios de comunicación. Una práctica democrática que es permanente, pero que en el pasado mediato no existía.  Se siembra moral pública si se quiere.

El mosaico es amplio y como partimos desde el inicio, ningún gobierno puede resolver todo,  lo importante es que la sociedad conozca las causas por las que no se ha podido atender sus demandas, y así evaluarán y emitirán  los juicios sobre el gobierno. Es evidente que en un gobierno democrático, cuando existen rubros que se consideran entrampados, se busca el consenso con los actores responsables para destrabar el conflicto, más en el rubro de la inseguridad, los actores son ilegales,  actuando en contra de las instituciones y la sociedad misma.

Es evidente que la anemia presupuestal, ha cercenado programas sociales y la siembra de infraestructura. Que el apoyo federal se circunscribe  mayoritariamente a combatir la inseguridad, y aun así la pregunta a los detractores aldeanos seria conocer las razones por las  que  no se han enrocado a  los delegados federales. Mucho de ellos pertenecen a la fidelidad-prospera. Ahí  están, su oriundez y matriz, y probablemente la línea para querer sembrar una  fase de ingobernabilidad.

El consenso en el plano político es que existe  gobierno, aun  a pesar  del golpeteo de los que ahora se dicen víctimas, y hacen tramoya en huelgas de hambre mediáticas en un reclusorio de la Ciudad de México, cuando en su momento eran los “cesares” de los bacanales y la corrupción aldeana. El cinismo como arma de denostación, como el “boomerang”, se  revierte. El hartazgo de los dos gobiernos retardatarios anteriores, contribuyó para que la sociedad le diera  el triunfo a alternancia,  y que aun a pesar de los sombríos augurios de los incrédulos,  el gobierno avanza. A golpe de votos, de empuje, de comunicación con los medios, de una atmosfera crispada, creada a base de escenarios adversos, prefabricados, hay gobernabilidad. Hay dirección, y el próximo año que habrá  elecciones presidenciales y para gobernador, se trabaja de frente a la sociedad para refrendar su tranquilidad. Se trabaja con el pueblo,  con las instituciones, no contra el presupuesto  de los veracruzanos.   Se trabaja para que haya  seguridad y  gobernabilidad. Ésta, producto de la legitimidad, es un  activo frente  a  los grupos de presión, los que desde dentro del sistema, siempre han estado  fuera de la ley, golpeando al Estado y las instituciones.

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