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Acusan a titular del IVEC de ejercer violencia laboral

Acusan a titular del IVEC de violencia laboral

 

Carta enviada a nuestra redacción, enviada por  trabajadores del Instituto Veracruzano de la Cultura, quienes acusan de abusos laborales perpetrados por su titular.

 

Más allá del latente nepotismo y de convertir una dependencia cultural en un espacio que funciona por medio de sus intereses, el Instituto Veracruzano de la Cultura cambia de administración portando una mancha de violencia laboral fundamentada en misoginia y elitismo.

No es ningún secreto que Enrique Márquez posee un comportamiento agresivo y hostil, y que nadie que lo conozca puede brindar una opinión positiva sobre su persona. No solamente ha hecho con el IVEC una de las peores administraciones desde su nacimiento, sino que también se ha dado la oportunidad de manifestar su complejo de inferioridad por medio de la agresión a los otros. Caprichoso, necesita de la atención y el miedo para satisfacer sus inseguridades, ya que de ninguna otra manera podría obtener el reconocimiento de los demás.

Esta no es una historia nueva, es la historia usual de un político que vino a hacerla de rémora por medio de los recursos públicos, y que principalmente limitó, mermó y negó el apoyo a las cientos de solicitudes de artistas y gestores veracruzanos. Que los gatos vivan de la comida del pueblo no es nuevo.

¿Pero cómo ejerce Enrique Márquez esta violencia? Su nulo liderazgo y la pésima ejecución de su cargo se suman a su megalomanía, la cual manifiesta afirmando que muchos de sus trabajadores son unos “pendejos”, exigiendo a gritos, de manera temperamental y con malos tratos, las actividades laborales, además de amedrentar con burlas y ridiculizar tanto al personal como al público asistente y a los invitados a los eventos.

Enrique, quien lucha por ser el centro de atención como cualquier político, intenta crispar el ánimo de su personal por medio de agresiones verbales, humillaciones y actitudes de ninguneo, tomando cualquier confrontación de manera personal y denotando su inmadurez. Pero hay algo que la gente no sabe: este panorama guarda una línea de misoginia sumamente grave ya que el maltrato a las trabajadoras se incrementa cuando no hay varones presentes. Quizás esto tenga que ver con que se ha empeñado en contratar en su mayoría a personal femenino, tal vez porque éste sea más fácil de intimidar.

Y aunque por fin dejará en paz al IVEC, su personalidad obsesiva y su conducta compulsiva, más allá de su carencia de ética profesional, lo hacen un peligro para cualquier institución: ¿Qué haría alguien como él otras instituciones de cultura? No podemos dejar que gente así siga ascendiendo y adquiriendo poder. A todos nos compete porque son nuestros impuestos, son nuestros espacios culturales y es nuestra cultura la que está en riesgo.

Si el IVEC ha logrado sostenerse apenas en estos dos años ha sido gracias al equipo de trabajo, a los directivos de las áreas y a cada miembro que labora arduamente por planear, coordinar y llevar a cabo todos los proyectos de la dependencia.

¿Pero por qué leer esto a estas alturas del partido? El maltrato y la agresión repetida y deliberada se normativiza porque todo aquel que tiene intención hablar tiene un miedo evidente a perder su trabajo. Pero esta violencia, este acoso laboral que se ha vuelto un secreto a voces, forma parte de una realidad cotidiana que se agrava conforme más callan las víctimas.

Por si fuera poco, nadie en el equipo del IVEC respeta a Enrique Márquez. Ni sus más allegados compañeros en los que él confía plenamente, situación que se asimila a su dirección en la Filarmónica de Boca del Río.

Según datos del INEGI al 2016, 61 de cada 100 mujeres mayores de 15 años sufre algún tipo de violencia a lo largo de su vida, y 35.7% de las mujeres sufren acoso en sus centros de trabajo. La violencia contra las mujeres, aunado al trato desigual laboral, es una situación que afortunadamente ha salido a la luz paulatinamente en los últimos años.

Hay que tener en cuenta que los principales obstáculos y desafíos para alcanzar la igualdad de género se basan en la normalización de las aberraciones cometidas hacia las mujeres todos los días. La gente que ha sido víctima, así como la que no ha sido, no se atreve a defender los derechos humanos argumentando que no saben, que la misoginia y la violencia son temas complejos y, desgraciadamente, creyendo que esta situación no trascenderá a algo mayor.

Por ello denunciamos hoy la falta a los derechos humanos, la falta a los derechos laborales y, sobre todo, la falta al sentido común. Esta carta es un llamado de solidaridad y compromiso a las mujeres y a los servidores públicos que como nosotras soportan vejaciones por sus jefes o compañeros. Esta carta es un llamado a la sociedad en general, a las instituciones gubernamentales y no gubernamentales, para continuar cuestionando y confrontando a las autoridades y abogar por un trato justo y digno hacia las mujeres, hacia los trabajadores y hacia las personas.

 

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