AMLO: entre cariño comprado y las ocurrencias

*¿Qué pasaría si deja de regalar dinero al pueblo?

*Eliminar fideicomisos será el principio del final

 

A Nikolái Aleksándrovich Románov, el último de los zares de Rusia, (un hombre negado para gobernar a diferencia de su padre, el afamado Alejandro III, Zar del Imperio ruso, rey de Polonia y gran duque de Finlandia de 1881 a 1894), le gustaba que lo llamaran el “Padrecito Santo” porque se decía descendiente o enviado de Dios. Nicolás II al momento de asumir el gobierno no ostentaba la fuerte personalidad de su antecesor ni la preparación mínima requerida para una Rusia convulsionada, con conflictos latentes y que ocupaba una arista preponderante en el ámbito internacional, y esa situación de falta de dominio en la política acabó por llevar al caos a la Rusia Imperial. Sin embargo, Nicolás tenía una particularidad: su incapacidad para gobernar lo hizo  concentrar la riqueza para ser él quien la distribuyera y que su imagen fuera adorada, lo que no logró porque los pobres eran la inmensa mayoría y terminó por no satisfacer a todos. Vino entonces la represión utilizando al ejército que cometió masacres para contener a las violentadas muchedumbres que demandaban mayores ingresos en fábricas, en el campo y todas las actividades, mientras la familia del Zar amasaba fortunas. Fue por ello que perdió el control del pueblo, a tal grado que llegó a ser bautizado por quienes antaño lo adoraban y por los críticos como “Nicolás el Sanguinario” debido a la Tragedia de Jodynka, el Domingo Sangriento, y por los pogromos antisemitas que se produjeron durante su reinado. Como jefe de Estado aprobó la movilización de agosto de 1914, que marcó el inicio de la Primera Guerra Mundial, la Revolución y la consecuente caída de la dinastía Románov. Fue la Revolución de Febrero de 1917 la que puso fin a su reinado cuando, intentando volver del cuartel general a la capital, su tren fue detenido en Dno, gobernación de Pskov, y fue obligado a abdicar. A partir de entonces, el zar y su familia fueron apresados y ejecutados por los bolcheviques junto a su esposa, su hijo, sus cuatro hijas, el médico de la familia imperial, un criado personal, la camarera de la emperatriz y el cocinero de la familia, en el sótano de una casa en la madrugada del 16 al 17 de julio de 1918, aunque posteriormente, Nicolás II, su mujer y sus hijos fueron canonizados como mártires por la Iglesia ortodoxa rusa fuera de Rusia.

 

Y UNO se pregunta ¿Cómo es que personajes que llegaron al poder con tanta y semejante popularidad y aceptación terminan siendo rechazados por el pueblo que antaño les adoraba, y por críticos que desde siempre observaron en su personalidad todo menos capacidades para gobernar? Aún se recuerda cuando el lunes 4 de Marzo del 2019, el presidente Andrés Manuel López Obrador se vanagloriaba: “Avanzamos en el propósito de transformar la vida pública de México. Vamos bien y las encuestas demuestran que contamos con el respaldo de la gente. Nos satisface hacerles llegar los apoyos que necesitan y que anteriormente no recibían (entonces, tal vez no pasaba por su mente la desaparición de 109 fideicomisos y fondos de apoyo a grupos sociales y de diversas áreas, entre otras, para la Protección de Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas, Ley de Cooperación Internacional para el Desarrollo, Ley de Hidrocarburos, Ley de la Industria Eléctrica, Ley Federal de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria, Ley General de Protección Civil, Ley Orgánica de la Financiera Nacional de Desarrollo Agropecuario, Rural y Pesquero, además del fondo de apoyo social para extrabajadores migratorios mexicanos, el Fideicomiso del  Fondo para el Fortalecimiento de Sociedades y Cooperativas de Ahorro y Préstamo y de Apoyo a sus Ahorradores, y por supuesto quedan derogadas el Fondo para Desastres Naturales, entre muchos, muchísimos otros).

 

ESA VEZ, AMLO decía algo que en los hechos no sostendría: “Reiteramos nuestro compromiso legal y moral con las mujeres del país víctimas de violencia. Todo el gobierno tiene la instrucción de seguir ayudándolas, particularmente la Secretaría de Gobernación (pero los fideicomisos encargados de apoyar a las féminas y víctimas de violencia fueron desaparecidos). Queremos evitar que la necesidad de las personas se use como excusa en estructuras intermedias, indicaba, donde los recursos se mal empleaban. Buscaremos la forma de que llegue el mecanismo de apoyo”.

 

PERO LÓPEZ Obrador ordenó, finalmente, a sus serviles diputados federales que eliminaran los 109 fideicomisos que operan u operaban en el país, pero no porque funcionaran mal o porque hubiera aviadores, o porque ya no desee apoyar a los grupos sociales que más lo necesitan. Lo cierto es que el Presidente quiere esos 70 mil millones de pesos anuales para, al igual que Nicolás ll ser él, y solo él (como el Padrecito Santo) quien los disperse a su manera, como una forma de sentirse bien amado, sin darse cuenta que la eliminación de los fondos está incubando un profundo rencor social que es alentado por los grupos de poder que, paralelamente, han sido denostados, agredidos, vilipendiados por un presidente que le apuesta al pueblo, sin percatarse que cuando el dinero ya no le alcance para seguir comprando consciencias y ya no tenga qué eliminar o expropiar, el pueblo, ese pueblo que ahora apoya con migajas le dará la espalda, y acaso debería leer algunos párrafos de la renuncia de don Porfirio Díaz el 25 de Mayo de 1911, cuando dice a la H. Cámara de Diputados: “El pueblo mexicano, ese pueblo que tan generosamente me ha colmado de honores, que me proclamó su caudillo durante la guerra de intervención, que me secundó patrióticamente en todas las obras emprendidas para impulsar la industria y el comercio de la República, ese pueblo, señores diputados, se ha insurreccionado en bandas milenarias armadas, manifestando que mi presencia en el Supremo Poder Ejecutivo es causa de su insurrección.

 

Y AGREGABA: “No conozco hecho alguno imputable a mí que motivara ese fenómeno social (aunque lo conociera); pero permitiendo, sin conceder, que pueda ser un culpable inconsciente, esa posibilidad hace de mi persona la menos a propósito para raciocinar y decir sobre mi propia culpabilidad. En tal concepto, respetando, como siempre he respetado la voluntad del pueblo, y de conformidad con el artículo 82 de la Constitución, vengo ante la Suprema Representación de la Nación a dimitir sin reserva el encargo de Presidente Constitucional de la República con que me honró el pueblo nacional; y lo hago con tanta más razón, cuanto que para retenerlo sería necesario seguir derramando sangre mexicana, abatiendo el crédito de la Nación, derrochando sus riquezas, segando sus fuentes y exponiendo su política a conflictos internacionales”.

 

EL PUEBLO, como bien dice AMLO “se cansa de tanta pinche transa”, pero también de asechanzas, engaños, y de que solo la familia presidencial pase de la medianía a la fortuna inexplicable, convirtiéndose de la noche a la mañana en señores empresarios. Y uno se pregunta ¿Qué pasaría si AMLO dejara de regalar dinero, digamos, por lo menos seis meses a quienes ya tiene acostumbrados a las migajas a cambio de cariño? Es pregunta convenenciera. OPINA [email protected]

 

 

 

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