AMLO no gobierna; echa culpa al pasado

*Adversarios y conservadores responsables

*Lenguaje ambiguo para manejar las masas

 

CON EL reconocimiento ¡por fin! del Coronavirus como una “enfermedad grave y de atención prioritaria”, el Presidente Andrés Manuel López Obrador intensificó sus ya trillados ataques a quienes identifica como “adversarios” y llama “conservadores”, en un lenguaje ambiguo que divide al País y cuyo objetivo es recuperar –echando culpas al pasado- algo de los más de 10 puntos de aceptación que ha perdido en las semanas recientes por no tener un control lingüístico, primero al menospreciar la lucha de las mujeres y el paro nacional escenificado el lunes 9 de este mes, tratando de opacarlo, incluso, con la venta de boletos para la rifa del avión presidencial –sin avión-, y ahora al negarse a asumir posiciones claras en torno al CoVid19, una enfermedad que según las cifras más recientes de la Organización Mundial de la Salud, hasta este jueves sumaban 375 mil 498 casos a escala global, con más de 19 mil muertes, y en México sigue avanzando a pasos agigantados, mientras López Obrador conmina a la población a no dejar de salir y comer en fondas para apoyar a la economía de las familias pobres o en restaurantes, algo que ha sido desaprobado por su propios seguidores, aunque el mandatario nacional siempre tiene a la mano su salida preferida: culpar al pasado, a sus adversarios, a los medios de comunicación fifís y a los conservadores de todos sus yerros, buscando englobar en esas denominaciones a todos quienes difieren de sus posturas -que no han sido las más adecuadas, y acaso por ello la propagación aprisa de la enfermedad, ya que no se adoptaron acciones de aislamiento a tiempo sino hasta que el agua comenzaba a llegar al cuello. Y en un acto de autodefensa, fuera de contexto, además de culpar a los medios –“no a toda la prensa porque la prensa se controla con la prensa y afortunadamente ya la gente está muy despierta, muy avispada” -, lanza acusaciones a los conservadores, por supuesto, sin dar nombres, como ha sido costumbre en su Gobierno, dejando a la imaginación de los adoradores a quienes se refiere, y en ese tenor subraya: “la verdad, es de mala fe, de malas entrañas, esto demuestra que, entre otras cosas, los conservadores son malos, de ‘Malolandía’, malos de ‘Malolandía’. Bueno, pero ya ahí le dejamos”.

 

SEGÚN EL Diccionario Electoral del Instituto Nacional de Estudios Políticos, “ambigüedad” es el uso intencionado de determinadas palabras, frases o actos que son susceptibles de múltiples interpretaciones, con las que se busca el apoyo de diferentes grupos del electorado o de una sociedad dominada, y esa es la razón del por qué muchos políticos evitan tomar posiciones claras, hacen declaraciones confusas y durante las elecciones –o ya en el poder- basan sus campañas en promesas vagas. En ese sentido, desde el punto de vista de la política, la ambigüedad es una estrategia probada desde siempre que además funciona, a menos, por supuesto, que los electores sean lo suficientemente complejos para ver a través de ella.

 

EL MISMO diccionario explica que durante las campañas, la ambigüedad tiene por objeto que cada elector o grupo de electores pueda hacer su propia interpretación subjetiva del mensaje, de modo que mejor la acomoden ellos mismos a lo que esperan oír del candidato –o gobernante- y evitar definiciones precisas que puedan suscitar la animadversión de otros grupos. La estrategia se justifica porque si un candidato se declara abiertamente de izquierda por ejemplo, se enajenará a los electores de derecha y viceversa; por eso, frecuentemente, las propuestas de campañas no son precisas ni detalladas, en suma, se habla de manera “ambigua”, lo que constituye un comportamiento, hecho, palabra o expresión que puede entenderse o interpretarse de diversas maneras. Y es que cuando normalmente nos comunicamos queremos ser entendidos con claridad. Esta sería la norma general, tanto a la hora de hablar o cuando escribimos, sin embargo, en algunas ocasiones no queremos que nuestro interlocutor conozca nuestras intenciones, y para ello utilizamos un lenguaje ambiguo, confuso, que puede ser interpretado de varias maneras, como lo ha venido haciendo el Presidente López Obrador.

 

PORQUE USTED, yo, todos nos preguntamos quiénes son, realmente, los “conservadores” o adversarios del Presidente a los que se refiere con tanta pasión cuando las cosas no van bien y no tiene a quién echarle la culpa, soslayando que ya lleva 16 meses en el poder, y que para este tiempo ya debería asumir con valentía su responsabilidad, pues fue electo para resolver y no para justificar que por culpa del pasado no se avanza; que por culpa del pasado esto y lo otro, cuando ya debería estar dando resultados que no se observan ni en materia de inversión, salud, empleo o seguridad, porque los empresarios constructores se quejan de que pese a la promesa, no hay obra pública –y menos ahora con el pretexto del Coronavirus-, los hospitales carecen de lo indispensable, y si antes no había medicamentos para niños y adultos con cáncer, retrovirales para enfermos de VIH/Sida y otros menesteres, ahora se sabe que los nosocomios del Gobierno carecían hasta de alcohol, antibacteriales, cubre bocas y otros enseres necesarios para una pandemia como la que comienza a padecer el País, y qué decir de respiradores automáticos, cápsulas para enfermos proclives al contagio, en fin, tenemos un sector salud de tercer y cuarto mundo, en tanto el Presidente sigue echando culpas atrás, y han tenido que ser empresarios de la talla de Carlos Slim los que compadecidos por el grave conflicto de salud, están donando 1 mil millones de pesos para medicamentos, u otros como Germán Larrea o Coppel que han hecho lo propio aunque con sumas más bajas, pero se preocupan, mientras AMLO ni siquiera quiere darles una prórroga para el pago de impuestos. Y en cuanto a empleos vamos de mal en peor lo mismo que en seguridad.

 

POR ELLO, ¿no sería mejor que de una vez por todas, el Presidente López Obrador se bajara de la “ambigüedad” como alternativa, y diera nombres de los adversarios o conservadores, de tal suerte que el pueblo, la sociedad en general, supiera a quiénes se refiere?, y si tiene pruebas contra ellos se proceda conforme a la ley, ya que solo denunciar con saliva sin llevar la acusación al ámbito legal es, también, delito, por más que sea un Presidente ambiguo que prefiere descalificar ocultando información para no comprometerse. AMLO ya va para año y medio al frente del Gobierno, y en ese tiempo no se ha sentado a Gobernar, sino que prefiere seguir chacoteando con una prensa a modo que escucha sus relatos que no respuestas, y que le vierte cuestionamientos diseñados para que se luzca. Sin duda tenemos un Presidente “ambiguo”, pero con ambigüedades no se gobierna sino asumiendo responsabilidades y aceptando que hay yerros, y no persiguiendo o atacando a los que le contradicen. Así de simple. OPINA [email protected]

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