DIEZ AÑOS DE LIBROS, ARTÍCULOS Y CONTINUAMOS… (IV)

El loco de los balcones.

Mtro. José Miguel Naranjo Ramírez.

No se puede remar contra la historia, no se puede luchar contra el Dios Cronos, todo en esta vida se va convirtiendo en pasado inmediato, lejano, remembranzas que se transforman en añoranzas, y lo único que medio podemos preservar son los recuerdos a través de la memoria, pero si la memoria con el paso de los años nos empieza a fallar, ¿Qué quedará de nosotros?, y con la extinción generacional inevitable ¿Qué quedará de nuestra generación para las generaciones futuras? Estas preguntas nos llevan a reflexionar sobre nuestra efímera existencia, pero también nos recuerdan la obligación que tenemos de resguardar parte de nuestro presente que pronto será pasado para que los futuros vivientes encuentren una posible explicación de su vida vigente.

Conforme pasan los años y nos vamos acercando al final, aun siendo personas estables emocionalmente en algún momento surgirán dudas existenciales sobre la caída al vacío, a la nada, por supuesto que esta crisis varía según las posiciones y creencias con las que se vive, pero diría Miguel de Unamuno que hasta los filósofos más racionalistas y materialistas cuando el ocaso se les acerca dudan, se preguntan, temen, e incluso el propio Unamuno quien era un hombre de fe no dejaba de cuestionarse sobre el sentido de la vida, la muerte, el más allá, todo ello porque nacemos con el trágico sentimiento de la vida que se materializa con la muerte.

La eterna y universal problemática sobre la vida, el tiempo, el progreso, la historia, la cultura, la vejez, el suicidio y finalmente la muerte, se encuentran magistralmente representada en la obra de teatro de Mario Vargas Llosa titulada: “El loco de los balcones.” La temática antes enumerada no es absoluta, cada quien en su lectura puede analizarla e interpretarla desde su propia visión, y precisamente en la amplia variedad de interpretaciones y lecturas se encuentra la riqueza de la crítica literaria, luego entonces, me permitiré compartirles la mía.

Los personajes de la pieza teatral son: “Profesor Aldo Brunelli, anciano, Ileana, su hija, Ingeniero Cánepa, Diego, su hijo, Un borracho, Doctor Asdrúbal Quijano, Teófilo Huamani, Los Cruzados: Doña Enriqueta, Doña Rosa María, Ricardo y Panchín.” El barrio donde sucede toda la historia es en El Rimac, en Lima, Perú, nos encontramos situados en la década de los cincuenta del siglo XX. Esto implica que el Perú y en general los países latinoamericanos se encontraban en pleno intento de desarrollo, progreso, buscaban embellecer sus ciudades construyendo edificios modernos, casas, rascacielos, se utilizaba la ciencia y tecnología a plenitud para el crecimiento de las grandes ciudades y al mismo tiempo se demolían edificios viejos, casas históricas, construcciones emblemáticas que representaban un pasado, y es precisamente en este contexto de cambio donde aparece la figura del Profesor Brunelli, quien era un viejo Maestro nacido en Italia, radicado desde muy joven en Lima, Perú, lugar donde por años enseñó historia del arte.

El Profesor Brunellí, llevaba años luchando y defendiendo ante las autoridades las viejas construcciones que se habían edificado desde la época virreinal y en tiempos de la República, el Profesor nos enseña que el Barón de Humboldt cuando visitó el Perú declaró que Lima era “La ciudad de los balcones”, y es que dentro de todo lo que trataba de salvar el Profesor se encontraban los famosos y bellos balcones que existían en las casas del centro histórico de la ciudad de Lima. En esta larga lucha lo acompañaba su hija Ileana, el grupo de simpatizantes llamado los cruzados quienes hacían protestas, manifestaciones, y el Profesor gastaba todo su poco dinero y lo que conseguía de apoyos para comprarle los balcones a las compañías que derribarían esas casas y construían grandes y modernos edificios.

En una ocasión la empresa del Ingeniero Cánepa iba a derrumbar una casa histórica donde habían vivido virreyes, obispos, el propio Bolívar había hecho el amor en esa casa, el Profesor no tuvo otra opción más que increpar al Ingeniero y le pidió que le vendiera el balcón, el Ingeniero no tan sólo no se lo vendió, además de regalárselo le dijo que lo admiraba por ser un romántico, que su lucha era absurda, pero que valoraba su espíritu, el Ingeniero le encargó a su hijo Diego llevara el balcón a la casa del Profesor y allí fue cuando conoció a Ileana, Diego se enamoró a primera vista de la hija del Profesor y empezará todo un romance que terminará en matrimonio, comento el final de la historia del romance porque considero que no es lo más importante sino lo siguiente.

El grupo de los cruzados poco a poco se fue retirando de la lucha por preservar el patrimonio histórico de la ciudad, el Profesor tuvo una discusión con el joven Teófilo Huamani quien estaba enamorado de Ileana y le recriminaba al Profesor que por su culpa y discriminación Ileana no le correspondía su amor, el profesor le dijo que él no tenía nada que ver, pero Teófilo le contestó: “Teófilo Huamani: Los hijos de los conquistadores siguen despreciando a los hijos de los conquistados. Cuatrocientos años después, los abusos de la conquista continúan. Para que esto cambie, tenemos que quemar estos balcones, profesor. Profesor Brunelli: Habrá que quemar también los conventos, entonces. Las pinturas coloniales. Prohibir el castellano, la religión católica. Resucitar el culto a la Viracocha, el Sol, la Luna y los sacrificios humanos. ¿Es Posible eso? Teófilo Huamani: No. Ni deseable. Pero tampoco podemos revivir el virreinato, que es lo que a usted le gustaría. Ni el incario ni la colonia. Algo nuevo, un país distinto, sin ataduras con el pasado. Profesor Bruenelli: Ya lo sé. Está en un error, Huamani. Preservar las obras de arte no es negarse al progreso. Un país debe avanzar apoyándose en todo lo bueno que produjo. Así se da contenido a la vida, sustento a la civilización. Eso es la cultura.”

Ileana antes de casarse con Diego habló con su padre y le dijo que ella nunca había creído en esa lucha ingenua de rescatar y dejar la vida propia en esos monumentos viejos, que lo había hecho por el amor que le tiene, pero que ahora se iba con Diego a Italia porque quería llevar una vida diferente, que si él dejaba su rescate del pasado en el olvido podía venir a vivir con ellos, el profesor le dijo a su hija que no necesitaba decirle más, Ileana comprendiendo la postura y decisión de su padre y finalizó el dialogo con las siguientes palabras: “Te mandaré postales con todas las obras maestras de la pintura y de la arquitectura de Italia.

El profesor triste, sólo y olvidado, encendió fuego a todos los balcones que tenía coleccionados, y hay algo más, el profesor de manera tranquila, equilibrada y razonada, decidió quitarse la vida en uno de los pocos balcones que quedaban en su barrio, colgó la soga que daría fin a su existencia y en ese momento apareció un borracho, este empezó a dialogar con el profesor y le preguntó el borracho por qué quería quitarse la vida y por qué había quemado los balcones por los que tanto había luchado y sacrificado su vida, el Profesor le respondió: “Los maté porque ésa era una muerte más digna para ellos que irse pudriendo, lentamente, ahora que no tendrán quien los cuide. Preferible acabar en un gran acto ceremonial, purificador, que a poquitos, comidos por las polillas y ratones, roídos por la humedad, sirviendo de meadero a perros y a borrachos. Morir en un holocausto tiene grandeza. Ir desapareciendo entre la incuria y el desprecio de la gente es innoble.

Discutir sobre la dignidad y oportunidad del suicidio es un tema complicado, difícil, áspero, no estoy totalmente en contra, sin embargo, desde un sentimiento personal por ahora considero que, si París bien vale una misa, Lima unos balcones, luego entonces, la vida vale por sí misma, y debemos aprender a vivir con las circunstancias del presente y los recuerdos del pasado, sin olvidar que en muchas ocasiones todo esfuerzo tiene su justa recompensa, porque hoy Lima, Perú, es Patrimonio Cultural de la Humanidad gracias a que su centro histórico luce unos majestuosos balcones.

Finalmente, cuando nos llegue la vejez y la añoranza por un pasado que se ha ido y jamás volverá, recordaré que en un lejano mayo de 2020 escribía ensayos literarios donde afirmaba que no se puede luchar contra el tiempo, y parafraseando a Renato Leduc y creyendo que viviré mucho tiempo suscribo mi propio soneto: Y hoy que para escribir ya no tengo tiempo, escribir fue mi pasión de aquellos tiempos, cuánto añoro y al final feliz he sido, porque he tenido la dicha de leer y escribir la mayor parte de mi tiempo.

 

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