Entre tanta desventura AMLO se ocupa de su testamento

*La vanidad enceguece al Presidente y da espalda al pueblo

*Con Quirino AMLO busca dividir a la “alianza opositora”

 

ENTRE TANTA tragedia ocurrida en el País (como son efectos provocados por el Huracán Grace que dejó como saldo varios muertos en Xalapa y en otras partes del País; los 14 derechohabientes fallecidos que se encontraban internados en el Hospital General número 5 del IMSS tras la inundación en Tula, Hidalgo que, paralelamente dejó a decenas de familias sin hogar; el desbordamiento del canal de aguas negras en Ecatepec, Estado de México que arrastró autos y anegó viviendas al inundarse calles y vialidades que se convirtieron en verdaderos ríos debido a las intensas lluvias; los efectos del Huracán Olaf en Baja California; el sismo que afectó varias inmuebles y familias en Guerrero y, para variar, el desgajamiento del Cerro del Chiquihuite en el  municipio de Tlalnepantla, Estado de México que provocó daños materiales en infinidad de viviendas, al menos un muerto y varios desaparecidos), recurrir a distractores como la herencia del Presidente Andrés Manuel López Obrador que, jactancioso como suele ser, anuncia que tiene previsto en su testamento que su nombre no sea empleado para nombrar calles, escuelas u hospitales (adelantándose a los hechos), ya que “el mejor homenaje que se ofrece a dirigentes, incluso, a héroes y heroínas es siguiendo su ejemplo, no convirtiéndolos en piedra”, además de que “no es tiempo de rendir culto a las personalidades, más que reconocimiento a la humildad”, se antoja perverso, ya que el mandatario debería ocupar todo su tiempo en atender a los miles de afectados por tantas desgracias que se están viviendo en el País, aunque prefiere ocuparse de sus obras faraónicas, con las que busca ser recordado, porque si algo tiene el tabasqueño es una vanidad que no oculta, entendida esta como el orgullo de la persona que tiene en un alto concepto sus propios méritos y un afán excesivo de ser admirado y considerado por ellos.

 

DICEN LOS expertos en conducta humana que la vanidad se define como la creencia excesiva en las habilidades propias o la atracción causada hacia los demás. Es un tipo de arrogancia, engreimiento, una expresión exagerada de la soberbia, y de acuerdo a la teología cristiana clásica, la vanidad consiste en depositar la confianza en forma excluyente en las cosas mundanas, lo que hace que el hombre no necesite de Dios, ya que se siente Dios o el Mesías salvador, lo que es considerado muy a menudo como el vicio maestro. No es secreto que en algunas enseñanzas religiosas, a la vanidad se le considera como una forma de idolatría, en que la persona en función de sus deseos y actos mundanos rechaza a Dios en su vida cotidiana. Las historias de Lucifer y Narciso (de donde se ha sacado el término «narcisismo») son ejemplos demostrativos de lo que puede llegar a ser un completo vanidoso (como exhibir hasta cuando te rasuran) y, por tanto, es considerado uno de los siete pecados capitales. No en vano Friedrich Nietzsche, autor de Así hablaba Zaratustra y El ocaso de los ídolos, entre muchas otras obras, escribió lo siguiente en Aurora: «La vanidad es el temor de parecer original; denota por lo tanto una falta de orgullo, pero no necesariamente una falta de originalidad”.

 

CUENTA LA historia que alrededor del 375, Evagrio Póntico un monje y asceta cristiano, también apodado El Solitario, se unió a un monasterio fuera de Constantinopla y allí clasificó los ocho pecados que, según él, atraían al hombre al infierno. Evagrio creía que había ocho “tentaciones terribles para el alma”, y la vanidad era una de las más letales, y en ese contexto advirtió que la vanidad “corrompía todo lo que tocaba y la denominó un tumor del alma lleno de pus que al alcanzar la madurez se descompone en un desagradable desastre”. En 590, el papa Gregorio Magno reexaminó la lista y redujo los pecados –que anteriormente Evagrio había denominado tentaciones- a siete, pero el Pontífice cambió el nombre por el de pecados y proclamó que eran mortales, y para la Iglesia Católica, especialmente el Papa, la vanidad era el peor de los siete pecados capitales, el que contiene la semilla de todo el mal.

 

AHORA BIEN, el mensaje de AMLO es simple: al indicar que en su testamento pide no usar su nombre para calles o escuelas o, incluso, que no se le erijan monumentos de bronce a piedra es como picar la cresta de los seguidores adoctrinados que ahora, con mayor insistencia buscarán inmortalizarlo, aunque lo más seguro es que si llegaran a erigirlas y MoReNa pierde la elección Presidencial, más de tres pugnaran porque los monumentos sean derribados y las calles y avenidas cambiadas de apelativo, pues cada vez más el pueblo bueno está comprobando por sí mismo que para el Jefe de las Instituciones Federales sus necesidades no tienen la menor importancia, ya que en Veracruz personas afectadas por el Huracán Grace siguen esperando la ayuda, lo mismo que los afectados por inundaciones en Tula Hidalgo y Ecatepec, Estado de México, y que decir de los afectados por el derrumbe de una parte del Cerro del Chiquihuite, desgracias que aprovechará para echar la culpa a los conservadores. Lo peor es que el Presidente no ha hecho acto de presencia en ninguna de las zonas afectadas, ocupado como esta en que se cumpla en tiempo y forma con la construcción de sus obras faraónicas con las que busca ser inmortalizado, en tanto a los pobres sigue dando migajas mensuales, cuando debería procurarles un empleo bien pagado, aunque apoyar al sector privado para que generen fuentes de ocupación sería como despojarse de la paternidad que ejerce entre los incautos.

 

Y TAN sabe el Presidente que su popularidad ya no es la misma que tenía cuando asumió el poder, que tras denostar a los conservadores acusándolos de todos los males que no ha podido resolver, ha optado por otra estrategia: invitar a opositores a su gabinete, con el caso del Gobernador de Sinaloa, Quirino Ordaz cuyo mandato termina el 31 de Octubre, y a quien propone anticipadamente como Embajador de México en España con la encomienda de reactivar todas las relaciones dañadas por su propio egocentrismo, al exigir a los ibéricos pedir perdón a los mexicanos por la conquista. AMLO dice que no solo Quirino Ordaz, militante del PRI será invitado como embajador, sino que otros integrantes de partidos distintos a MoReNa serán convocados, incluidos del PAN, lo que define, sin lugar a dudas que, si no puedes con el enemigo, únetele. AMLO no da paso sin guarache, y acaso los propios morenistas le critiquen que en lugar de tomarlos en cuenta a ellos para esas posiciones, busque dividir a la alianza opositora en víspera de que el Congreso de la Unión vote sus propuestas de reformas a la Constitución y de esa manera sacar avante sus proyectos. Así de simple. OPINA carjesus30@hotmail.com

 

 

 

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