NATALICIO DE BENITO JUÁREZ

Mi admiración a un estadista que supo inspirar sus actos de gobierno en el derecho y la justicia.

 

Por Francisco Berlín Valenzuela*

 

En el año de 1999,  en mi carácter de Subsecretario de Asuntos Jurídicos, el Gobernador del Estado Lic. Miguel Alemán Velazco, me designó orador oficial en la ceremonia conmemorativa del 193 Aniversario del Natalicio del Benemérito de las Américas Don Benito Juárez García. Por considerar que las palabras expresadas en tal ocasión, -hoy a los 215 años de su nacimiento-,  siguen conservando una gran actualidad, me permito recrear algunos de los fragmentos,   que me parecen podrían resultar interesantes, para el conocimiento cabal de la obra de este gran mexicano.

Indudablemente, las nuevas generaciones, al igual que las generaciones pasadas, se siguen preguntando hoy, quién es realmente este hombre que despertaba y sigue despertando tanta admiración y reconocimientos de mexicanos y extranjeros, de líderes políticos e intelectuales, de muchos de sus contemporáneos,  que supieron de su patriotismo y su conducta como sereno defensor de los principios que nutrían a su patria invadida y mancillada. La respuesta a tal interrogante, es que Juárez fue fundamentalmente un hombre excepcional, un indígena universal que supo igualar su vida con su pensamiento y abrazar la causa de la libertad y la justicia surgiendo, desde su natal Guelatao para alcanzar las más altas cumbres  de la inmortalidad.

Esto explica, el por qué el pueblo veracruzano, al igual que todos los pueblos de México, se siguen reuniendo ante monumentos levantados a su memoria, en plaza y sitios públicos, para recordar su nacimiento y regocijarnos con su obra, con el mismo entusiasmo, pasión y gratitud con que los hombres de su época lo consideraron benefactor de la patria.

Se justifican por lo tanto, plenamente, actos como éste para no olvidar sus grandes virtudes, proclamándolas con la fuerza de las ideas, que parecen volverse más puras para hablar de las virtudes del hombre, del estadista, del político ejemplar, del indígena atormentado por la opresión de su pueblo, del enorme luchador social, que nos hace reflexionar en la osadía y el valor de su existencia, para ascender, como diría el veracruzano Cordoba Lobo “a la tribuna en llama de la vida y al aire de la rosa de los vientos arrojar la claridad de su palabra -y agrego, de su acción- para congregar las voluntades de los hombres de su generación.

Es de destacarse, que el liberal Juárez al frente de los progresistas, hicieron surgir la Constituciónde 1857 y el movimiento de Reforma, sosteniendo,la necesidad de un orden que fuera producto del equilibrio de las fuerzas sociales, conscientes de que una Constitución es la “expresión normativa de los factores reales de poder”.

Los liberales defendían, un orden con justicia, en el cual los ciudadanos mexicanos pudieran vivir sin temores, protegidos por el manto augusto de la ley.

Juárez encarnó, efectivamente, la voluntad de libertad, o tal vez sería mejor decir, la voluntad  de libertades, aquellas reconocidas por la ideología del liberalismo, como garantía que enmarca la dignidad de las personas y estimulan su participación en el progreso integral de la sociedad.

Juárez creyó y difundió la libertad en su más profunda acepción, esa libertad que es el fundamento de sus diferentes especies y que en principio se opone a toda forma de sujeción y dominio.

A los reclamos de soberanía popular que conlleva el imperativo de elecciones transparentes sin ventajas para los contendientes, la democracia impone el imperativo de la justicia social para superar marginación, ignorancia, enfermedad, que anenazan la existencia de millones de mexicanos.

Hoy, como en tiempos de Juárez, la democracia es también lucha por la libertad, el derecho y la dignidad de los hombres, de las mujeres del campo y de las ciudades,  de los cinturones de miseria y de las zonas indígenas que reclaman con justicia una gran atención.

No debemos olvidar que en todo México, sigue vigente su pensamiento  sobre la unidad de la Nación que propugnaba, y que por encima de las diferencias y desigualdades  inevitables, propias de un país surgido de la mezcla de pueblos y culturas, mantuvo el ideal de una patria única en la que todos compartieron valores esenciales y objetivos comunes. Los mexicanos de hoy, deseamos fervientemente que esta unidad siga manteniéndose para honrar las ideas del patricio y su generación, por las cuales lucharon con gran pasión.

Como Juárez lo vivió en su tiempo, los mexicanos de hoy, anhelan que las nuevas leyes persigan el propósito de satisfacer las demandas que sean expresión de las necesidades reales de la sociedad, sin pretender que esa realidad se ajuste a las leyes formuladas por los intereses políticos de autoridades que no entienden que el derecho debe ser promotor del cambio social.

Veracruz, dentro del contexto nacional, seguirá enfrentando el porvenir con fe y optimismo en la capacidad de sus hombres y mujeres para mejorar las condiciones de existencia de su población. Construyamos desde aquí, el país que todos queremos, teniendo presente, que si bien el origen de la nación no se concibe sin la hermandad de todos, tampoco podemos pensar en su porvenir, sin la existencia de hombres como Benito Juárez García.

 

*Doctor en Derecho. Autor de libros de Derecho Electoral y Derecho Parlamentario. Ex Director fundador de El Colegio de Veracruz y de la Casa de la Cultura Juridica de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

 

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