¿Nuevo discurso demagógico?

Ojalá la gente entienda que las cosas se solucionan hablando y no dejándose de hablar.

Anónimo

 

“Nace una nueva demagogia ambiental. Invito a todo verdadero ambientalista y a todo académico serio a ver el video en la página de la Secretaría subido el 10 de octubre bajo el título “SEMARNAT acompaña el proyecto del Tren Maya desde una visión de cuidado y conservación de la vida”. En solo 1 minuto y 48 segundos se construye un nuevo discurso demagógico dentro de la 4T. LAMENTABLE!”, lo anterior es una crítica demoledora e inesperada de Víctor Manuel Toledo ex secretario de la SEMARNAT a través de una publicación en su cuenta de Facebook, quien ya había manifestado su inconformidad dentro del actual gobierno, al que recientemente renunció por “motivos de salud”.

Esta crítica es una más de muchas otras que van sumándose, no solo sobre el tema ambiental, y no las esperadas provenientes de personas o grupos fuera de la órbita de la denominada 4T, sino de personajes del interior o ligados a ella, que acompañaron fuerte y decididamente el arribo de un proyecto que reclamaba auténticamente ser la representación de las aspiraciones de transformación de mayoritarios sectores sociales contra el mal gobierno y la continuidad, entre otras cosas, de la demagogia y la simulación.

A dos años de iniciado este gobierno federal y de gobiernos estatales y municipales, son evidentes los debates internos provenientes del espectro morenista, ante el reconocimiento cada vez más amplio de la poca o nula diferencia entre los viejos y repudiados comportamientos y los actuales, los que desgraciadamente son cada vez más profundos y notoriamente mostrados.

La frescura de la esperanza, el aliento de cambio que ilusionó a millones, está tornándose desesperanza y sorpresa negativa para muchos, alejándose del entusiasmo y la confianza que aún muchos sostienen y salvaguardan. La transformación es puesta en la discusión de una realidad que la contradice y la empaña, que la cuestiona. Sirva de ejemplo, el debate interno del partido gobernante que desvela las similitudes del actuar faccioso de los grupos de su élite partidista, como si se tratara del PRI o del PAN. No es una pugna de poder originada por las diferencias programáticas que garanticen los espacios de una vida interna democrática saludable y consustancial a cualquier organización, sino se trata de otra pugna, donde los proyectos partidarios no cuentan, solo los proyectos personales.

Nuestro país se encuentra en condiciones difíciles de representación política y de reconocimiento de las administraciones públicas. La desconfianza se apodera cada vez más del espacio público y no es casual; por décadas hemos padecido gobernantes que han galardonado la impunidad, la arbitrariedad y la simulación como sustento de sus quehaceres, cancelando las oportunidades del desarrollo, uno que favorezca una mejor distribución de la riqueza nacional, produciendo mucho y bien, cuidando el medio ambiente, garantizando salud y seguridad.

Pero no todo lo anterior es malo, porque hubo frutos de los esfuerzos sociales que en medio de los malos gobiernos han confrontado las circunstancias, forjando una democracia que ha permitido la construcción de mecanismos e instituciones que han encausado pacíficamente la discusión social, que han abierto y establecido rutas por los derechos humanos, por la construcción de contrapesos, por ideas de tolerancia y respeto a la diversidad, avances que funcionan como un piso necesario para lograr un México distinto. Gracias a esos frutos y avances llegó al poder este nuevo gobierno.

Es por ello que la 4T aún tiene tiempo y debería reconocer que, más allá de las diferencias consustanciales y respetables respecto del qué y cómo hacer un México mejor, es urgente asumir que no todo lo existente como andamiaje institucional o social puede ser descalificado, rechazado o desaparecido.

Es necesario llamar al establecimiento de posiciones para el diálogo, para la discusión sensible y empática de las diferencias. Reconocer que en este país debemos convivir todos, aunque pensemos distinto, y que el gobierno federal debe garantizar que se nos escuche y proteja a todos. Los mexicanos todos debemos estar incluidos en el proyecto de nación, y eso implica un diálogo que nos reconozca en toda nuestra diversidad y pluralidad.

Porque no somos dos bandos como demagógicamente quiere reducirnos el presidente, buenos y malos, fifís y chairos, blancos y negros. Requerimos muchos diálogos y apertura para reconocer que la oportunidad de ser mayoría no implica desconocer a las minorías, a los diferentes o creer que siempre será así.

DE LA BITÁCORA DE LA TÍA QUETA

Como si faltara horror los asesinos acechan en el pueblo. Justicia para la abogada orizabeña y su acompañante.

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