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Opinión Finanzas/ Lino Perea Flores/ ACABAR CON LA CLASE EMPRESARIAL

20 DE AGOSTO DE 2018

Las últimas noticias que nos llegan del gobernador electo, Cuitláhuac García Jiménez, en materia de deuda y con todo el respeto que nos merece, no parecen ser las más halagüeñas. Nos atrevemos a disentir con sus declaraciones recientes porque más allá de afectarme individualmente, a nivel estatal son un despropósito económico por no decir un dislate de sus asesores, ya que una falta de entendimiento sobre las repercusiones nocivas de la deuda pública de Veracruz en su población, por la falta de un tratamiento adecuado, sigue deteniendo el desarrollo de la economía veracruzana, que repercute e impacta en otros sectores económicos estatales Es decir, si no se comprende que hay que manejar integralmente la economía veracruzana, se seguirá tratando a la deuda pública como un problema político aparte, que yerra su solución económica y social, ya que no solo es un problema de contabilidad o de finanzas públicas, si no que se seguirá desviando y equivocando el camino de la recuperación de la economía veracruzana.

Lo que se debe entender, es que resulta absurdo por ser incongruente en términos económicos, que pretendiendo todos los estadistas un mayor crecimiento de la economía, cuando aplican sus diferentes políticas, estas se materialicen contrarias a los deseos de quienes las ejercen, ya que si se practican con afanes políticos, estarán destinados a obtener resultados adversos. Baste por ejemplo mencionar, que todos los gobiernos procurarán siempre generar más empleos productivos y mejor pagados para su población, para así elevar sus niveles de vida; sin embargo, estos propósitos se verán frustrados en su empeño con resultados contraproducentes, si lo que se provoca en lugar de la generación de nuevos empleos o la preservación de los ya existentes, si lo que logran es el quebranto de los empresarios y sus empresas. Absurdo e ilógico.

La explicación es muy sencilla, los burócratas cuando “aplican la ley”, cumplen con su función administrativa encomendada, pero no les preocupan las deseconomías estructurales que ellos mismos provocan. Dejar sin trabajo a otros no les afecta, ya que no es su problema si otros se quedan sin trabajo y se genera más pobreza.

Con todo lo anterior, conviene comentar las siguientes cifras: Aproximadamente, ya el 65% del PIB de la economía mexicana es aportado por el comercio internacional que se genera con los países que forman el TLCAN, a cuya dinámica Veracruz aporta poco, ya que solo genera turismo y exporta materias primas, aunque sus puertos podrán formar parte importante, del detonante del desarrollo de México, aunque no se produzcan productos manufacturados con alto valor agregado; además, somos según el Reloj de Población de México de Country Meters, 132 millones 570 mil mexicanos, al 15 de agosto de 2018; de este total nacional, casi 4 millones 925 mil quinientos son burócratas, donde en el orden federal trabajan 1’698,161, en el orden estatal son 2’233,749, mientras que a nivel municipal son 993,583.

Según INEGI, al último trimestre de 2015 éramos alrededor de 54 millones de trabajadores en todo el país, o que solo alrededor del 9%, de la población que trabajaba en México entonces, provenía del sector gobierno donde trabajaba la burocracia mexicana, percibiendo sueldos más altos que la gran mayoría del otro 91% de la población empleada. Pero es este 9%, el que maneja el equivalente al 22% del PIB, a través de los recursos presupuestales; resumiendo, es el sector gobierno el que maneja recursos equivalentes a la quinta parte del PIB de México, pero nos atrevemos a pensar que Veracruz es de las entidades federativas, donde esa proporción es todavía mayor.

El punto que se trata de señalar aquí, es que es difícil aceptar que la burocracia ni siquiera se percate que no es lo mismo crear trabajos con los impuestos de los trabajadores como las empresas privadas, que con un presupuesto del erario público. Tal parece que se desconoce lo difícil que es a veces para un número importante de empresa PYME, que son el 98.5 % de las empresas de Veracruz, poderles pagar cada semana a sus trabajadores. Es más fácil ser popular y regalar ayuda asistencial proveniente de los recursos públicos generados por los impuestos de los mexicanos, que generarles trabajos productivos a la población que gobiernan.

Es más fácil, no pagarles a los empresarios que con tanto trabajo llegaron a formar un patrimonio a base de su esfuerzo productivo, que preservar sus fuentes de empleo. Es más fácil ahorrar con medidas anticorrupción y cobrar más impuestos, que generar recursos propios para invertirlos productivamente. En suma, que los empresarios, esperen uno, dos o cinco años para cobrar, al fin que ya no necesitarán cubrir sus propios gastos, porque pronto desaparecerán de la economía formal de Veracruz. No se vale.

No señor gobernador electo, no señor gobernador en funciones, respetuosamente tienen que entender que están afectando gravemente una parte importante de la economía de Veracruz, ya que si el gobierno anterior, con el que está en turno o el que va a gobernar, no asumen conjuntamente como prioridad económica su responsabilidad para pagarles a los legítimos proveedores de bienes y servicios o contratistas, entonces seguirán actuando las fuerzas económicas en contra de sus gobiernos, porque no solo se trata de las micro economías de las empresas, si no que en conjunto, seguirán atentando contra la economía veracruzana y por ende contra la de México.

Si se dice que fueron los gobiernos anteriores quienes no les pagaron el producto de su esfuerzo, no es la responsabilidad de los empresarios, pero sí es responsabilidad del gobierno en turno, cubrirles el producto de sus trabajos, que se supone deben ser financiados con dinero público pero que no se les ha cubierto y que como colofón todavía hayan tenido que sufrir embargos, antesalas, esperas inútiles, deterioros en su salud, empellones, citatorios, ayunos, desaires y tantas humillaciones. La obligación de los gobiernos es proteger el patrimonio de las familias mexicanas, entre las que están los patrimonios de las empresitas veracruzanas.

El resultado de esta nefasta realidad, es que ya se han perdido miles de fuentes de empleos y millones de pesos en inversiones e impuestos, que al cuantificarlos ya son una gran pérdida económica para Veracruz, porque si a los empresarios no se les cubrió el producto de su trabajo a tiempo con el financiamiento público, estos ya han incurrido en enormes pérdidas financieras. Finalmente, aunque sea muy difícil intentar hacer empresa en Veracruz en estas condiciones, nadie parece inmutarse por las calamidades que actualmente son asumidas por los empresarios y sus familias, más por todas las miles de personas, que ya han sido desempleadas por este motivo. Es la mejor manera de acabar con la clase empresarial.

Comentarios: [email protected] (*) Maestro en Ciencias y Doctor en Economía por la London School of Economics and Political Science, de la Universidad de Brunel y la Universidad de Londres, Inglaterra.

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