Quien calla otorga

Sólo el amor puede sostenernos un poco más”. (Lawrence Durrel)

 

No hay mal que por bien no venga, dice el dicho, pero a como vamos, Sancho, parece que ni molinos de viento vemos, antes bien tormentas y mal presagios, nos las llevamos con verdades de Perogrullo, y no nos queda más que lágrimas de cocodrilo y mandar todo a la porra, hacernos “penjamos”, pos nos lo dijo un pajarito, o ya de plano lo que diga nuestro dedito, para no meterse en camisa de once varas, o vestirnos despacio porque tenemos prisa, porque el miedo no anda en burro… En fin, entre dichos y dichos, como se carcajeó Efraín Huerta: “Del dicho al lecho hay mucho trecho”. Como de igual forma del discurso a los recursos hay mucha labia. Y las verdades verdaderas siguen ahí, esas que todos conocemos pese a que digan lo que digan, porque no estamos ciegos, eso espero.

          Como canta Joan Manuel Serrat en “Romance de Curro “El Palmo”:

 

“Y quien calla, otorga,
como dice el dicho,
y Curro se muere
por ese mal bicho.
¡Ay! quién fuese abrigo
pa’ andar contigo…”

 

          Bueno, lo del abrigo es otra cosa, pero bien que nos hace falta en estos momentos de enclaustramiento y “sana” distancia a la de a wuevo. Razones políticas, económicas y de intereses varios tendrán los mandatarios Donald Trump y Andrés Manuel López Obrador, aunque se nos informe que es pa’ tal encuentro en beneficio de ambos países, incluyendo a Canadá que motivos tendrá pa’ que Justin Trudeau no asista. ¿Quién les cree a los políticos? Ya estamos ciscados o estoy ciscado, más bien cansados, hartos, como dicen, o dicho sin eufemismo, cagados.

          Adam Smith, refiriéndose a los “amos de la humanidad”, expresó la máxima: “todo para nosotros, nada para el resto”. No sé ustedes, pero ahí se las dejo. Samuel Schmidt, en su libro En la mira. El chiste político en México, escribió que “la política es un juego subterráneo, entendible por los iniciados y frustrante para aquellos que les afecta la política pero no la pueden influir porque ignoran el juego, sus reglas, sus símbolos y su lenguaje. La gente se siente ciega tratando de ver el juego que afecta a sus vidas. La complejidad de esta situación se puede describir con la siguiente metáfora india creada para explicar la complejidad de los paradigmas científicos y que es aplicable a la política:

          “Tres ciegos se encuentran frente a un elefante y tratan de describirlo. El primero dice:

          -El elefante es como un gran árbol.

          El segundo dice:

          -El elefante es como una gran vasija.

          El tercero dice:

          -El elefante es como una gran víbora”.

         

          Quien entendió, que me lo explique. En entrevista, Noam Chomsky expresó: “La concentración de riqueza lleva naturalmente a la concentración de poder, que a su vez traslada a la legislación el favorecimiento de los intereses de los ricos y poderosos, con lo que se incrementa todavía más la concentración de poder y riqueza. Diversas medidas políticas, como la política fiscal, la desregulación y las reglas para la administración empresarial, están diseñadas para incrementar la concentración de riqueza y poder. Y esto es lo que hemos estado viendo durante la era neoliberal”.

          Tons, neófito que soy, ¿cuál es el camino de la interrelación entre Estados Unidos y México? ¿O acaso entramos, con Amlo, a un neoliberalismo disimulado, parafraseando a Mario Vargas Llosa con su “La dictadura perfecta?”.

          ¿Qué le falta a México para avanzar hacia un país mejor, con igualdad de oportunidades y etcétera, sin tanta palabrería y simulaciones? Noam Chomsky dijo, en entrevista que “un público educado es sin duda un prerrequisito para que una democracia funcione, en la que “educado” signifique no solamente informado, sino capaz de inquirir de manera libre productiva, lo que constituye el fin principal de la educación?

          Entiendes, Méndez, o me explico, Federico.

 

Los días y los temas

 

Entretanto, escribió Lawrence Durrel, en Justine (El Cuarteto de Alejandría): “Durante años uno tiene que resignarse al sentimiento de que la gente no se preocupa, lo que en verdad se llama preocuparse, por nuestra persona; un día, alarmados nos damos cuenta de que el que no se preocupa es Dios; no sólo no se preocupa, sino que le somos totalmente indiferentes”.

          Ustedes dirán.

 

De cinismo y anexas

 

Que no cunda el pánico, mejor morir riendo:

 

-¿Cuál es la fruta más divertida?
-La naranja ja ja ja ja.

 

***

-¿Qué le dice una iguana a su hermana gemela?
-Somos iguanitas.

 

***

-Abuelo, ¿por qué estás delante del ordenador con los ojos cerrados?
-Es que Windows me ha dicho que cierre las pestañas.

 

***

 

-¡Me acaba de picar una serpiente!
-¿Cobra?
-¡No, idiota, lo ha hecho gratis!

 

Ahí se ven.

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