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Viernes Contemporáneo/ Por: Armando Ortíz/ Cuitláhuac con su foto de Yunes Márquez y Duarte pasa de lo patético a lo ridículo

Cuitláhuac con su foto de Yunes Márquez y Duarte pasa de lo patético a lo ridículo

En serio, si lo único que tiene Cuitláhuac García para ganar la elección a gobernador es una foto de Yunes Márquez saludando a Javier Duarte, pues pobrecito; el candidato de Morena a la gubernatura se mueve de lo patético a lo ridículo. El señor no tiene discurso, sólo una cantaleta insípida que le sale de las vísceras, la misma cantaleta que ha venido repitiendo y que es el reproche hacia un gobierno que, según él, tiene peor el estado que si lo gobernara Duarte. Por supuesto su discurso no incluye su trabajo legislativo, porque no hizo gran cosa; si acaso sostener una pancartita cuando su bancada protestaba por algo, o poner cara de atento cuando Rocío Nahle, a quien sí le hacen caso en el Congreso, discursaba. Pero Cuitlahuac y nadie en el Congreso Federal, son lo mismo. Habría que preguntarle si como diputado federal bajó algún recurso para beneficio de su distrito, cuya cabecera está en Xalapa. Ah no, mejor no preguntarle porque ya sabemos su respuesta: “Que se rasquen con sus propias uñas”. Es por ello que siempre hemos señalado que la pelea por la gubernatura en Veracruz estará entre Yunes Márquez y Yunes Zorrilla; Cuitláhuac García sólo será convidado de piedra. Los morenistas confían en el efecto López Obrador, que en otros años hacía ganar hasta una vaca. Pero con la actuación de los legisladores de Morena ya nos dimos cuenta que ellos no son vacas, sino bueyes, y a esos no los hace ganar ni la Divina Providencia.

Regresan los retenes a Xalapa

El anuncio de que se instalarán nuevamente retenes en Xalapa no sólo es el reconocimiento de que en la capital del estado se requieren de medidas más efectivas de seguridad, sino además del reconocimiento de que hay un problema de inseguridad que se debe resolver. Ya lo dijimos antes, para combatir esta ola de terror se requiere inteligencia, valor y honestidad. El personal de los retenes deberá estar bien capacitado para que la ciudadanía no vea esta medida como una molestia o incluso un abuso. Los elementos de seguridad requerirán entonces de inteligencia para tratar con amabilidad a los ciudadanos que confían en ellos, pero también se requerirá inteligencia y firmeza para reconocer a los delincuentes que, haciéndose pasar por ciudadanos comunes, trasladan armas, drogas o incluso a personas secuestradas o cuerpos mutilados. Obvio, cuando las bandas del crimen organizado se den cuenta que ya no se podrán mover con total libertad por la ciudad o por las carreteras que conducen a la ciudad, buscarán otras maneras de evadir a la policía. Una de esas maneras podría ser la intimidación, el ataque a los retenes y para ello se requiere valor. Pero también se buscará corromper a los policías de esos retenes y para ello se requiere de honestidad. Los retenes son efectivos siempre y cuando no haya filtros que permitan el paso libre a los delincuentes; ¡cuidado con eso!

“Ni perdón ni olvido para los delincuentes”, discursaba Peña Nieto y ¡zas!, que se muerde la lengua

Estaba discursando el presidente Enrique Peña Nieto durante la inauguración de las instalaciones del 79 Batallón de Infantería, en el municipio de Tecalitlán, Jalisco, cuando soltó las siguientes palabras: “Para que la sociedad cuente con seguridad y justicia, no puede haber ni perdón ni olvido para los delincuentes”. Ups, nadie se dio cuenta, pero el presidente casi se arranca la lengua de una mordida. Y es que, para poder decir esa frase Enrique Peña Nieto tendría que haber pregonado con el ejemplo, y desde el caso de la Casa Blanca, Peña Nieto es ejemplo de corrupción, impunidad y olvido. Claro, si a esto le sumáramos el caso de Emilio Lozoya y los sobornos de Odebrecht, la impunidad a Humberto Moreira, quien ni siquiera ha sido tocado con el pétalo de una investigación y más reciente el caso de César Duarte, que sigue en los Estados Unidos muy campante. Peña Nieto sabe que México es el país del perdón y del olvido. Ahí están los 43 de Ayotzinapa, en donde el Ejército mexicano tuvo una participación criminal, pero por supuesto para ellos hay perdón y para los 43 hay olvido.

Armando Ortiz                                                                                  [email protected]

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