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Viernes Contemporáneo/ Por: Armando Ortíz/ Siete años de la Universidad Popular Autónoma de Veracruz

Antes de que se constituyera la Universidad Popular Autónoma de Veracruz, UPAV, el problema de los estudiantes rechazados por la Universidad Veracruzana era dramático. Miles de jóvenes se quedaban sin la oportunidad de cursar estudios universitarios, pues al no poder acceder a la universidad pública, sólo les quedaban las universidades particulares. Algunos podían costear el gasto, otros no. A esto habría que sumar la gran cantidad de jóvenes que culminan su educación preparatoria, pero que viviendo en comunidades muy aisladas se les hace imposible acudir a un centro de educación universitaria ya sea por las distancias o por el costo que ello implica. Miles de jóvenes cada año se quedaban sin estudios.

El objetivo de la UPAV, universidad popular fundada con el propósito de llevar la educación media superior y superior, bachillerato y universidad, a las comunidades más apartadas, es por demás loable. Por lo mismo la UPAV en esencia es noble y sus alcances hablan por sí mismos. Desde su fundación en 2011 la UPAV ha brindado miles de oportunidades a personas que pensaban que nunca podrían alcanzar un título universitario.

Pero el camino no ha sido fácil. A siete años de haber sido constituida por decreto en el Congreso del Estado, la UPAV ha librado innumerables batallas y muchas las ha ganado. Una de esas batallas ha sido la desinformación que entes ajenos a la universidad han divulgado de manera artera: “Que en la UPAV los estudios no tienen validez oficial”; “que el título que se da a los egresados no es válido en otros estados”; “que con un título de la UPAV no se puede obtener la Cédula Profesional”. Después de siete años esos cuestionamientos han sido zanjados; sólo porfían en el tema aquellos que no se han preocupado por investigar, o aquellos que de manera maledicente socavan la confianza que los alumnos tienen en esta institución.

Ya se ha reiterado muchas veces. Una universidad del estado, autónoma y creada por decreto no requiere validez oficial para sus estudios. Los títulos que otorga la UPAV tienen validez en cualquier otra institución, ya sea particular o pública y no sólo en este país. Vale mencionar que la UPAV ha conseguido en algunas de sus carreras, entregar junto con el título, la Cédula Profesional y espera que así sea para todos los egresados de esta institución, ahorrándoles a sus estudiantes el trámite ante gobierno federal.

La UPAV es para todos, pero la UPAV no es para todos. Es decir, si la persona que se acerca a esta institución cree que acude a un centro escolar convencional, está equivocada. Si la persona cree que llega a una institución donde los maestros fomentarán la pereza mental de sus alumnos, entonces que busque en otro lado. En esta institución los alumnos que tengan la voluntad de avanzar, avanzarán; los que estén acostumbrados a la educación que depende del maestro y de la estadía en el aula, esos se estancarán.

La propuesta pedagógica de la UPAV radica en el autodidactismo, y el autodidactismo requiere de una autodisciplina, es decir, hacerse uno discípulo de sí mismo. El alumno debe darse tiempo para estudiar los temas que los asesores solidarios les presenten, pero un buen alumno va todavía más allá de ello; indaga más, inquiere más, encuentra más conocimiento y con ello abreva de su propia fuente de sabiduría.

Por eso la UPAV no es para todos, es sólo para aquellos que tienen la disciplina y la voluntad de ser alguien, la capacidad de soñar, la destreza para alcanzar sus metas y la satisfacción de obtener resultados.

Siete años ya y la UPAV se sigue consolidando.

 

Armando Ortiz                                                         [email protected]

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