CENTENARIO LUCTUOSO DE BENITO PÉREZ GALDÓS. (I)

Marianela.

Mtro. José Miguel Naranjo Ramírez.

Don Benito Pérez Galdós es considerado el mejor novelista español sólo después de Miguel de Cervantes Saavedra, su monumental obra está integrada por novelas, teatro, crónicas, memorias, y si bien no tiene una novela de la trascendencia universal que tuvo: “El Quijote de la Mancha” de Miguel de Cervantes, su obra completa retrata el universo social, cultural, costumbrista y realista de la cultura y sociedad española del siglo XIX e inicios del siglo XX, además, Don Benito fue un hombre erudito, ilustrado, y esta enorme sabiduría se ve reflejada en la mayoría de sus novelas, porque no solamente estamos ante una historia magistral, realista y en muchos casos psicológicas, a ello hay que agregarle reflexiones filosóficas, por todo lo antes expuesto el presente mes será dedicado a conmemorar al gran escritor español e iniciamos con su pequeña pero sensacional novela titulada: “Marianela”, la cual fue publicada en el año 1878.

Antes de empezar a nárrales la historia quiero iniciar reflexionado sobre el tema de la belleza, y para ello me permito transcribir la conversación que tiene Sócrates con el joven Fedón en el famoso dialogo platónico titulado “Fedón”: “Porque la belleza, Fedón, nótalo bien, sólo la belleza es al mismo tiempo divina y perceptible. Por eso es el camino de lo sensible, el camino que lleva al artista hacia el espíritu. Pero, ¿Crees tú, amado mío, que podrá alcanzar alguna vez sabiduría y verdadera dignidad humana aquel para quien el camino que lleva el espíritu pasa por los sentidos? ¿O crees más bien (abandono la decisión a tú criterio) que este es un camino peligroso, un camino de pecado o perdición, que necesariamente lleva al extravío?

Partiendo de las reflexiones e interrogantes antes escritas ingresemos a la historia de la adolescente Marianela. Esta joven mujer ha crecido con muchísimas carencias, su madre se suicidó y ella siendo una niña fue recogida por la familia Centeno integrada por los esposos Sinforoso y la señora Ana quienes tenían cuatro hijos. Marianela creció sintiendo y creyendo que no servía para nada, que era un estorbo en esta vida, le daban de comer las sobras, dormía donde podía, creía ser una mujer fea y sin valor alguno.

Marianela a los quince años de edad empezó a trabajar con la millonaria familia Peñáguilas compuesta por Don Francisco y su único hijo Pablo. Desde un inicio se ve que estos dos protagonistas son personas acaudaladas pero generosos, respetuosos, quieren y tratan dignamente a Marianela, y particularmente porque Don Francisco la contrató para que cuide a su amado hijo Pablo quien nació ciego. Pablo es descrito como un joven de veinte años de edad, muy guapo, culto, el no poseer el sentido de la vista lo ha hecho un ser sensible, agradecido con quien lo cuida, protege, ayuda, guía, y claramente desde los primeros diálogos entre Pablo y Marianela el lector sabe que Pablo se encuentra profundamente enamorado de la humilde muchacha y ella de él, un ejemplo es cuando Pablo le expresa a Marianela lo siguiente:

Ya veo que esas cosas no se pueden explicar. Antes me formaba yo la idea del día y de la noche. ¿Cómo? Verás; era de día cuando hablaba la genta; de noche cuando la gente callaba y cantaban los gallos. Ahora no hago las mismas comparaciones, es de día cuando estamos juntos tú y yo; es de noche cuando nos separamos.”

Las palabras de Pablo causaban regocijo y felicidad a Marianela, ella le decía que él le expresaba todo eso porque no veía, pero que si tuviera el sentido de la vista su posición seguramente sería otra, Pablo le explicaba que ella era una buena muchacha, pero inculta, sin educación, formada de pura pasión y sentimientos, no obstante, sin poder verla físicamente no tenía la menor duda de su belleza, porque para Pablo la belleza de Marianela estaba en su inocencia, bondad, generosidad, candor, le recordaba a la joven que su alma celestial y desinteresada le habían alegrado sus días, y estos conceptos de la belleza al puro estilo griego Pablo los sostenía y defendía frente a su padre, Don Francisco en ocasiones se preocupaba por la actitud y conceptos de su hijo. Aquí tenemos dos posiciones muy claras, Pablo quien ama por los conceptos de ideas (valores), y su padre que evalúa y estima la belleza y percibe la fealdad a través de los sentidos.

Los jóvenes eran felices recorriendo los campos del pueblo donde vivían, de pronto llegó al pueblo el doctor Teodoro Golfín quien era un prestigiado médico oftalmólogo, revisó la ceguera de Pablo y sin dar muchas esperanzas se propuso operarlo para intentar que el joven pudiera disfrutar del bello sentido de la vista. Al momento que se realizaba el tratamiento previo a la cirugía las esperanzas de que recuperara la vista eran mayores, esto originó que Don Francisco y su hermano Manuel Peñáguilas planearan casar a Pablo con su bellísima prima hermana Florentina (hija de Manuel).

Don Manuel y Florentina llegaron a la casa de Pablo días antes de la operación, Pablo platicó con Marianela sobre el tema y le expresó lo siguiente: “Yo sé porque lloras –dijo el ciego, estrechando las manos de su compañera –. Mi padre no se empeñará en imponerme lo que es contrario a mi voluntad. Para mí no hay más mujer que tú en el mundo. Cuando mis ojos vean, si ven, no habrá para ellos otra hermosura más que la celestial; todo lo demás serán sombras y cosas lejanas que no fijarán mi atención. ¿Cómo es el semblante humano, Dios mío? ¿De qué modo se retrata el alma en las caras? Si la luz no sirve para enseñarnos lo real de nuestro pensamiento, ¿para qué sirve? Lo que es y lo que se siente, ¿no son una misma cosa? La forma y la idea, ¿no son como el calor y el fuego? ¿pueden separarse? ¿Puedes tú dejar de ser para mí el más hermoso, el más amado de todos los seres de la tierra, cuando yo me haga dueño de los dominios de la forma?

 

La operación fue todo un éxito, el primer día que le quitaron la venda a Pablo de sus ojos a la primera persona que vio fue a su prima Florentina, la imagen le agradó, dijo que su impresión era algo muy bello como un ángel celestial e inmediatamente preguntó por Marianela, Florentina le prometió que iría a buscarla, Marianela se negó, tenía miedo que Pablo la viera, pasarán muchas circunstancias pero el encuentro entre Pablo y Marianela se dará, para ese entonces Pablo ya no miraba con el corazón, ni con ideas absolutas, universales, miraba como mira el ser humano común y corriente, normalmente muy corriente, por ahora concluyo la historia dejando la pregunta socrática abierta: “¿Crees tú, amado mío, que podrá alcanzar alguna vez sabiduría y verdadera dignidad humana aquel para quien el camino que lleva el espíritu pasa por los sentidos?”

 

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